XIV Congreso de Novela y Cine Negro: un crimen perfecto

Desprecintado el lugar de los hechos, con la sangre del muerto circulando por las cloacas y recuperada una aparente normalidad en el vecindario, ya se puede hablar del XIV Congreso de Novela y Cine Negro que se celebró la pasada semana en la Universidad de Salamanca, una cita imprescindible para los amantes del género que se consolida año tras año sin caer en los vicios del acomodamiento o la rutina, en el sopor al que conduce habitualmente la costumbre, también llamada “muerte dulce”.

El cartel de este año vino cargado de “highlights”, con autores de referencia en el panorama español como Sergio del Molino, José Ovejero o Edurne Portela, y directores de cine que acumulan más “Goyas” que un viejo noble girondino: tal es el caso de Daniel Monzón. Muy interesante fue también la conferencia del premio Pata Negra (galardón que la organización del congreso concede a la mejor novela negra del año, en este caso “El porqué del color rojo”), Francisco Bescós, en la que el escritor natural de Oviedo nos habló de las influencias del género en la publicidad haciendo especial hincapié en cómo los clichés y las referencias intertextuales (los detectives de Chandler y Hammett, las persecuciones e interrogatorios policiales,…) permiten generar, en apenas unos pocos segundos de metraje, un lugar común que conecta con la memoria del espectador consiguiendo, de esta manera, que las imágenes digan mucho con muy poco.

Ya sea como género propio o subgénero del noir, lo cierto es que el cine carcelario cobró un protagonismo esencial a lo largo del Congreso. La presencia del director de Celda 211, una de las obras imprescindibles de la filmografía nacional en las últimas décadas, nos permitió conocer el proceso que tuvo que llevar a cabo para impregnarse de los códigos de los reclusos, las estructuras sociales que se forman y a la vez explican el entramado de estas alcazabas modernas que, al contrario que las musulmanas, no contienen al enemigo: lo confinan. Su visión creativa contrastó con la que el director de la cárcel de Topas nos mostrara en la clausura del congreso, defendiendo, en un ejercicio que fue mucho más allá del simple y burdo corporativismo, a través de un discurso bien ordenado y convincente, tanto al sistema penitenciario (enfocado, no lo olvidemos ahora que también nosotros vivimos presos de la actualidad, a la reeducación y reinserción social de los penados) como a todos los funcionarios a los que la película, en el compromiso del director con la trama, dejó, palabras literales de Carlos García García, “a los pies de los caballos”.

Entidad propia cobró también la crónica negra rural, especialmente de la mano de Sergio del Molino, autor de un ensayo, La España vacía (Turner Noema, 2016), que se convirtió en best seller por explicarnos de una forma transversal y apelando a múltiples referencias, el mundo de nuestros padres y abuelos; la patria de todos nosotros (la que de forma tan acertada identificara, Baudelaire, con la infancia). Repasando el crimen de Fago fueron puestas sobre la mesa todas las miserias del periodismo sensacionalista, las mismas que contribuyen a alimentar, al corroborar estereotipos y ser cómplices de nuestros prejuicios, un imaginario colectivo que sitúa a lo rural entre lo idílico y lo infernal, sin margen para los matices.

Y no quisiera olvidarme, tampoco, de la interesante ponencia de Rodrigo Sorogoyen, autor de Stockholm y Que dios nos perdone. Ni de las charlas con José Ovejero y Edurne Portela, en la que destriparon su proceso de invención para captar la atención del lector a partir de conceptos como la amenaza, la inminencia o el suspense. Ni de todas las comunicaciones, más de cien, que se expusieron en un entorno, el de la Plaza de Anaya, que con su belleza obnubiladora se convierte en el escenario ideal para el homicidio que este Congreso perpetra cada año, y ya van catorce, contra el lento paso de los días, contra la vulgaridad intelectual, en algo que en la jerga de este género sin límites que es el negro, se conoce como crimen perfecto.

Deja un comentario