Madrid, Nueva York, Logroño

Dice Celia Corral Cañas, en el prólogo de la obra, que las ciudades, al igual que las pupilas o las manos, aceptan de buen grado la personificación que se les propone, y de esta manera nuestro viandante recorre las ciudades como quien recorre el cuerpo de una mujer, buscando despertar una conexión y reconocerse en su humanidad

Madrid Nueva York Logroño libro Juan Jose Nieto Lobato

Madrid, Nueva York, Logroño es, además de un libro de viajes, una especie de dietario y un mosaico de literatura urbana, una obra con cierto aliento generacional, tal y como señala Vicente Rodríguez Manchado en sus Notas para un epílogo no necesario, al citar lo siguiente: el trasfondo de la treintena, que aporta y señala el limes romano, el hito, es el universo de nuestro/s personaje/s, el de, digamos, un Ulises que partiera de la patria -¿qué importa qué patria si todas contaminan?- y aún no ha encontrado (ni tampoco hará nada por encontrarlas, eso por descontado) ni la hora ni la ruta de regreso. 

Esta es la invitación: un viaje sin fecha ni lugar de regreso por ciudades, pupilas y manos que transitan el mundo dispuestas a leer y ser leídas. Un viaje a través de tres ciudades, Madrid, Nueva York y Logroño, y en cinco capítulos. 

Entrevista en La 8 de Salamanca presentando el libro:

Disfrute de algunos pasajes de la obra:

Los escritores reconocidos sonríen y charlan relajados aunque crucen sus brazos. Ofreciendo su mejor perfil, guardan una suerte de distancia protocolaria que anuncia la existencia de un pacto de respeto mutuo, de no agresión al trabajo del otro, al que ambos han dedicado las mejores madrugadas. En su caso, la adulación no es tanto un acto de generosidad como de defensa propia: con ella se aseguran que el otro también evitará decir lo que piensa

(Blue Monday, en Literal y literario)


Entre ambos lados de la cama se desplegó, invisible, un velo de vergüenza. Ninguno de los dos pensaba dormir y solo el tic-tac de un viejo reloj de mesa interrumpía de manera acompasada el silencio, haciéndolo aún más inquietante. Ella, mientras, lloraba. No de una forma desesperada que invitara al consuelo. Peor aún. De una manera sutil, desconcertante y, sin duda, más estremecedora

(Mina la diosa, en A vista de pájaro)


A las ciudades se las conoce en los días de niebla, cuando piedra a piedra van revelando sus secretos al peregrino recién llegado y su música, su ruido, se difumina entre las partículas de agua como un sonoro mecanismo de orientación. Es en medio de una atmósfera saturada de vapor, junto al retrato de un fresno en la lámina de un río, cuando le toca a los hombres ejecutar los planes que idearon una tarde de verano, embriagados del luminoso optimismo de un sol poniente. 

(Memoria del frío, en En primera persona)


Tal vez si el mundo se pareciera un poco a la idea que tengo de él, existiría un oficio que consistiera en acudir puntual a cada partida, a cada viaje, sea o no definitivo, exista o no un billete de vuelta, una promesa, un “ojalá volvamos a vernos”. El despedidor abrazaría con ternura los hombros del viajero, le recordaría los puntos cardinales, tal y como los hemos aprendido, y repasaría junto a él el listado de virtudes que rellenó el primer día que acudió al psicólogo. 

(El despedidor, en Manhattan)


El presente se impone y, en la víspera del día de Los Muertos, seres únicamente comprometidos con su felicidad beben y juegan para olvidar el pasado mientras se perdonan, los unos a los otros, por las decenas de muertes que causan a diario, avalados por el criterio de sus psiquiatras, cuando cierran los ojos, ventilan los cuartos y matan a las personas que fueron importantes en su vida confiando en que habrá otras, que seguirá lloviendo en Logroño mientras comienza a nevar en Dublín sobre todos los vivos y muertos

(Logroñeses, en Logroñeses)


+ Apariciones en medios relacionadas con el libro: